Hay narices famosas por su aspecto. Pero la historia de hoy tiene por protagonista una nariz que decide abandonar el rostro de su dueño y emprender una vida de aventuras. ¿Por qué? Por una sencilla razón: no soporta los modales de su dueño.

¡Meterse el dedo en la nariz nunca había tenido tan terribles y divertidas consecuencias!

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