El oficio de espantapájaros no es nada sencillo. Y menos para un niño de carne y hueso. Gonaro vivía en Cerdeña y, como era el más pequeñito de todos sus hermanos, ya no quedaba dinero para mandarle a la escuela.

¡Pobre Gonaro, con lo divertido que es ir al colegio y tener mil amigas y amigos! Además, los niños no deberían dedicarse a espantar pájaros, sino a tenerlos en la cabeza. ¿Verdad?

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