Hay niñas y niños que se toman las instrucciones para ser buenos al pie de la letra. Pero es que el amor no se compra con un solo gesto, sino con montones de pequeñas acciones: ayudar a poner la mesa, un beso inesperado, una sonrisa cada mañana, una palabra bonita…

Gilberto tuvo una idea para demostrarle a su mamá cuánto le quería. Pero el tiro le salió por la culata. O, más bien, por las orejas.

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